¿La felicidad es una obligación?

Hoy me desperté con la pregunta dando vueltas en mi cabeza, tratando de hilar un poco las ideas que rondaban desde ayer por la noche, cuando decidí terminar mi libro del mes,el cual dicho sea de paso, tardé más de lo ansiado en concluir.
Y me refiero a  Un mundo feliz, cuyo título original es Brave New World y fuese publicado allá por el año de 1932 y que pareciera una auténtica radiografía o una exploración de la insensibilidad actual.

Pero más allá de lo asombroso que resulten las comparaciones, los paralelismos e incluso la forma en la que se prevee la supuesta evolución del género humano, a mí me atosiga el hecho de llegar a deshumanizarnos tanto, a tal grado de huir de nosotros mismos, es decir no hay un puente que nos ayude a cruzar de lo correcto a lo incorrecto sin tambalearnos un poco, me hace pensar en lo que hago por mí y no por los demás.  ¿Soy un producto o realmente soy quien he decidido ser?

Éstas cuestiones permanecen amodorradas cuando leo, veo las películas que amo, como lo que más me gusta y cuando salgo a correr, pero en el momento justo antes de tomar un baño, o cuando me despierto y aún no tengo planeada la agenda del día, veo literalmente fluir esa sensación de horror! Me pregunto si no me estoy convirtiendo en lo opuesto de lo que pretendo ser. El miedo es un sentimiento noble, que no es igual para todas las almas, se defiende y se resiste a abandonarnos bajo diversas circunstancias, carcome y se vuelve humedad.
Y es debido a ese miedo, a la sensación que me provoca no ser lo suficientemente grande para caminar como lo haría yo con otra piel, con otros ojos.
¿Qué tan sumidos estamos en la inmundicia de la egolatría?  
¿Qué alternativa queda cuando no eres ni la mitad de productivo que un beta menos?
Pues bien, no tengo la respuesta, sin embargo, sí cuento con la seguridad de saber que no soy, ni la más rápida, ni la más fuerte, ni la más inteligente y probablemente muy por debajo del promedio en todo.
 No viajo porque no tengo dinero, no visto a la moda por la misma razón, como lo que me gusta en la medida de lo posible, pero no visito restaurantes. La última vez que entré en una boutique era soltera, y me corté el cabello en mi cumpleaños pasado que fué hace 7 meses, uso el transporte público imaginando un medio propio que sé, que difícilmente llegará a mis pies. Vivo en una casa que no es la mía ni la de mi marido, somos poco más que inquilinos a medio turno, respiro el mismo aire que 5 personas más, incapaces de distinguir una lágrima de una broma, o de percibir una sonrisa de agradecimiento. Descubrí que la única persona que me mira como si fuera un ángel es el hombre que amanece en la cama que compartimos, cuyos dueños anteriores desconozco pero que llegó al cuarto que usamos como santuario en el que habita el núcleo de nuestra familia, un felino que disfruta de nuestra esclavitud, y que hace lo que place.
Hace años que los lazos que me unían a la familia que me crió, se volvieron de papel por voluntad propia, en un arrebato de instinto y supervivencia, no es que haya sido lo peor en mi vida hasta entonces, simplemente mi capacidad para expresar en palabras lo que mi alma emanaba, era nula, como caminar en un cuarto oscuro sin ventanas, esperando a que saliera el sol.
Los momentos en los que decidimos cambiar o tomar decisiones, son breves instantes,  tan fugaces e imperceptibles como prender un interruptor o apagarlo, el resultado siempre será brutal, crudo. Luz - oscuridad, simple.
Sin esperar nada de la vida, construyo barreras que no deberían estar ahí, pero que me colman  de una pseudoseguridad infranqueable. Vuelvo a preguntarme todas las mañanas ¿vale la pena?... no lo sé, pero menguan el dolor de no estar a la altura de mis prejuicios y se vuelve una especie de anestésico imaginario. 
Puedo perderme en la simplicidad de una historia romántica u obsesionarme con la adquisición de una enciclopedia nueva impresa en 1991, cuyo esfuerzo para adquirirla se verá reflejado los siguientes 2 meses ó enamorarme del último actor que haya visto en pantalla y seguir sintiendo esa vibración de satisfacción porque aunque sólo soy un ser humano, me considero capaz de amar, 
y el amor sincero,
se vuelve felicidad.

Comentarios

  1. Creo que este escrito es digno de compartirse, me emocionó muchísimo, escrito con el corazón a flor de piel, como creo que es necesario hablar, escribir, expresar. Me encantó ❤

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